“Yo sabia que ‘abajo’ nos esperaba la muerte. Alli tenian habilitada una camara, en lo que habia sido guardarropia y varios baños. Muchos de nuestros compañeros fueron llevados alli, pero nadie volvio. Una vez que me condujeron al interrogatorio y, al pasar, vi un monton de cadaveres, de cuerpos masacrados y desmembrados. Luego sacaban los cadaveres en camiones y los dejaban tirados en la calle"
Victor nunca humillo la frente ante los todopoderosos, la inclinaba solo sobre su guitarra. Vivio, amo y trabajo cantando. Y murio cantando dejandonos el dramatico y elevado testimonio de lo que sufrio: el poema Estadio de Chile. Un hombre que salio en libertad logro sacar una copia del poema. Las hojas de un cuaderno escolar contienen los versos llenos de valor y lealtad.
ESTADIO DE CHILE
¿Y Mexico, Cuba y el mundo? ¡Que griten esta ignominia! Somos diez mil manos menos que no producen. ¿Cuantos somos en toda la patria? La sangre del compañero Presidente golpea mas fuerte que bombas y metrallas. Asi golpeara nuestro puño nuevamente. ¡Canto, que mal me sales cuando tengo que cantar espanto! Espanto como el que vivo como el que muero, espanto. De verme entre tanto y tantos momentos del infinito en que el silencio y el grito son las metas de este canto. Lo que veo nunca vi, lo que he sentido y que siento hara brotar el momento...
El poema quedo inconcluso. Victor no tuvo tiempo ni vida para terminarlo.